Rincón de las maravillas
La integridad del príncipe Jonatán
Viernes, Julio 14, 2017

Un personaje bíblico que admiro es el príncipe Jonatán. A mí me parece un ejemplo asombroso de integridad y honorabilidad. Consideremos lo siguiente: Estaba destinado a ser el siguiente rey de Israel, sin embargo, en esencia David tomó su primogenitura cuando fue ungido por el profeta Samuel para ser el próximo rey de Israel.

Me he preguntado qué fue exactamente lo que hizo que Jonatán estuviera dispuesto a no solo aceptar a David como el ungido de Dios, sino además acogerlo como un amigo y hermano1. Puede que Jonatán fuera un tipo alegre y despreocupado que no le daba mayor importancia a las cosas, sin embargo, en la mayoría de los relatos que se encuentran en la Biblia acerca de él, hay evidencia de todo lo contrario.

Jonatán tuvo el valor de enfrentar a miles de filisteos solo con la ayuda de su paje de armas2. Encaró a su padre en diversos asuntos y tuvo un papel activo en la corte de Saúl. Jonatán le dijo a David: «Mira, mi padre ninguna cosa hará, grande ni pequeña, sin que me la haga saber»3. La mayoría de los relatos acerca de él dejan ver que a Jonatán le interesaba el bienestar de Israel.

Desde mi punto de vista, para Jonatán dirigir Israel no era una oportunidad de servirse a sí mismo. No le importaba quién era el rey, siempre y cuando dirigiera el país a la manera de Dios. Respaldó por completo al ungido de Dios, simplemente porque era el ungido de Dios. Para eso hace falta integridad, la clase de integridad que está profundamente arraigada porque se tiene plena confianza en que Dios está al mando de la situación.

Ahora pasemos a mí. Hace algunos años, tuve algunos serios problemas en mi centro de trabajo. Las cosas llegaron a un punto crítico cuando alguien que hacía menos que yo por la compañía consiguió la promoción que yo esperaba. Había trabajado mucho para la empresa y sinceramente sentía que merecía dicha promoción. Intenté tomarlo con calma, pero la frustración que sentía era muy grande. Mi espíritu de equipo quedó seriamente deteriorado.

Detesto cuando siento que algo es injusto. En ocasiones he pensado que las actitudes o actos injustos de los demás justificaban mis malas reacciones o peor aún, me parece que su comportamiento me da derecho a tener una mala actitud.

Estaba regodeándome en mi autocompasión, hasta que por fin comprendí que necesitaba orar acerca de mi situación. ¿Y adivinen a quién me trajo Dios a la memoria? Correcto: a Jonatán.

Dios me recordó el amor de Jonatán por David y cómo no cuestionó la elección de Dios. Yo creo que Jonatán pudo haber sido un buen rey de Israel, pero Dios eligió a David y Jonatán confió en la elección de Dios.

Para ser la clase de persona que puede reconocer el rol que Dios quiere que uno desempeñe y hacerlo sin mirar a los demás para ver si les ha tocado algo mejor o si están haciendo una labor tan buena como la nuestra, hay que ser una gran persona. (Esto es si crees que estás en el lugar que Dios te ha colocado. Claro que si crees en tu corazón que Dios tiene algo mejor para ti, deberías tratar de alcanzarlo.)

El final feliz de mi historia fue que aprendí el valor de hacer las cosas como para Dios y de contentarme con mi lugar.


Notas a pie de página:

1 1 Samuel 18:3-4.

2 1 Samuel 14:1-16.

3 1 Samuel 20:2.

Texto: Mara Hodler, adaptado. Publicado por primera vez en Solo1cosa. Ilustración: Nozomi Matsuoka. Diseño: Stefan Merour.
Publicado por Rincón de las maravillas. © La Familia Internacional, 2017
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Etiquetas: valores, responsabilidad, integridad