Rincón de las maravillas
Aventura bíblica: Hazme una torta
viernes, mayo 28, 2021

Adaptación de 1 Reyes, capítulo 17

Ver «Fuego del cielo», que es otro relato sobre la vida del profeta Elías.

Lo que vamos a relatar aconteció en Israel alrededor del año 850 a.C. Era una época triste y difícil para la nación hebrea, que vivía sujeta al yugo del peor rey que había tenido hasta entonces: Acab. Éste se hallaba bajo el influjo de Jezabel, su maligna esposa, la cual había abrazado como religión el baalismo, el culto a Baal, un dios de los paganos. Bajo el impío reinado de Acab y Jezabel, los profetas del Dios verdadero fueron liquidados sistemáticamente y el baalismo se convirtió en la religión oficial del Estado.

Con el objeto de dar a conocer Su desagrado, Dios envió a Acab a Su profeta Elías con un durísimo presagio:

—¡Vive el Señor, Dios de Israel, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra!

Luego de dar aquella seria advertencia, Dios le dijo a Elías que huyera hacia el oriente y se escondiera en una garganta solitaria por donde corría un pequeño arroyo del que podía beber llamado Querit, de camino al Jordán. Dios, además, le ordenó a unos cuervos que le llevaran todos los días pequeños trozos de pan y de carne.

Tal como había vaticinado Elías, no cayó ni una gota de lluvia, y una inclemente sequía se abatió sobre el país. A medida que transcurrían los meses, el sol abrasador iba quemando la tierra de Israel. Los cultivos y las fuentes de agua se secaron, y se produjo una gran escasez. Con el tiempo, el arroyo Querit, de donde sacaba agua Elías, también se secó. Pero Dios fue fiel, y el mismo día en que se secó el arroyo le dijo a Elías que fuera a la ciudad de Sarepta y morara allí.

—He aquí —le dijo—, Yo he dado orden allí a una mujer viuda para que te sustente.

Sarepta se encontraba a 150 km al norte del arroyo de Querit. Elías hubo de emprender aquel peligroso viaje a pie. Tras varios días de caminar por parajes desolados, laderas rocosas y senderos escarpados, arribó a Sarepta, ciudad costera situada en lo que es hoy el Líbano. Agotado, agobiado por el calor y cubierto de polvo, al acercarse a la puerta de la ciudad se fijó en una mujer que recogía ramas.

—¡Agua! —le gritó desesperado—. ¡Por favor, tráeme un vaso de agua para beber!

La mujer se compadeció de aquel desconocido exhausto. Cuando se levantó para ir a buscar agua, él le dijo:

—¿Podrías traerme algo de comer también? Te lo suplico.

—¡Vive el Señor tu Dios —respondió la mujer—, no tengo sino solamente un puñado de harina y un poco de aceite en una vasija! Mira, he venido a recoger algunas ramitas con que cocinar, para llevarlas a casa y preparar una última comida para mi hijo y para mí, a fin de que comamos y luego nos dejemos morir.

—No temas —dijo Elías al comprender que aquella era la pobre viuda que Dios había prometido que le daría comida y ayuda—. Ve y haz como has dicho. Pero hazme a mí primero una pequeña torta y tráemela. Después haz algo para ti y para tu hijo.

—El Señor Dios de Israel promete que la harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que el Señor haga llover sobre la tierra.

La mujer quedó asombrada ante aquel anuncio extraordinario, pero como Elías le había hablado con autoridad en el nombre del Señor, ella sabía que debía de tratarse de un hombre de fe, de un profeta, y le creyó. Decidió confiar en el Señor y hacer lo que Elías le pedía. Volvió rápidamente a su casa y sacó el último puñado de harina de la tinaja. Luego vertió las últimas gotas de aceite que quedaban en su vasija.

Después de mezclar la harina y el aceite, de amasar el pan para Elías y de introducirlo en el horno de barro, se puso a ordenar la cocina mientras se horneaba el pan. Al ir a guardar la vasija de aceite vacía, la viuda se sorprendió.

—¿Cómo es posible que esté más pesada ahora que hace un momento?

La inclinó apenas un poquito y salió de ella aceite que cayó al suelo de la cocina. Rápidamente se dirige a la tinaja donde guarda la harina. Al destaparla, ¡suelta una exclamación de asombro! En vez de estar vacía como unos momentos antes, está llena de harina hasta el borde. ¡Ha ocurrido un milagro!

La mujer no cabe en sí de gratitud por esa manifestación tan maravillosa de la bendición del Señor. Y tal como había profetizado Elías, la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija disminuyó, durante toda la sequía.

Ella dio lo que podía, y Dios se lo devolvió con creces, y terminó con mucho más de lo que esperaba.

Ver «Héroe de la Biblia: Elías» para conocer más a este fascinante personaje de la Biblia.
Extractos de la revista Conéctate, año 7, número 7, © 2006. Utilizado con permiso. Diseño: Roy Evans.
Una producción de Rincón de las maravillas. © La Familia Internacional, 2021.
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Etiquetas: audio, promesas de dios, relatos de la biblia para niños, vidas admirables, aventuras bíblicas, biblia, fe